Crítica: Exposición Abismo Cósmico

El viaje

Vicente Genovés

Abismo cósmico es un diálogo del autor con las clásicas preguntas transcendentales. Algunas de ellas, han obtenido alguna respuesta, otras, sin embargo, siguen sin contestación. Es fundamental acercarse al trabajo de Alario leyendo sus prólogos y a continuación pararse a dialogar con sus obras. Al igual que los antaño viajes de siglos pasados, donde la aventura acompañaba al intrépido explorador, este recorrido por las paredes de la sala nos induce a un mundo también por descubrir.

El ochenta por ciento de sus creaciones están pintadas directamente en las paredes en esta nueva muestra, no a forma de grafitis, sino como dibujos abocetados realizados en acrílico o directamente en rotulador. Figuras de gran factura técnica y expresiva, nos van guiando a través de la intervención acompañadas de sus correspondientes títulos a modo de pistas literarias para no perdernos su relato.

Señalando al infinito, obra con la que iniciamos el recorrido. Una mujer de cierta edad, (¿Su madre?), sujetada por la cintura de un joven que señala con su brazo extendido hacía algún lugar inconcreto, posiblemente como indica su título, al infinito. No sabemos si el universo es infinito, pero quizás podamos acercarnos con la intención de intentar comprender la definición que nos propuso Georg Cantor: “El enfoque que Cantor aplicó al infinito se basaba en pensar en los matemáticos como en una tribu que tenía nombres para los números 1, 2, 3, mientras el resto de los números recibía el nombre de `muchos`, la versión de la tribu para el infinito”. Este planteamiento le llevó a construir un modelo matemático, (otro universo, las matemáticas), que solucionaba esta controversia de la infinitud del universo, al menos en el universo matemático. En el dibujo también podemos pensar que señala a un grupo de comensales adultos con un niño que asoma su cabeza mirando al espectador. Un grupo mayor que el compuesto por el del joven y su madre. Bajo el título de Transmisión, este nuevo grupo nos lleva de nuevo al concepto matemático de Cantor. Claramente este grupo es mayor que el de la madre y el hijo, ya que solo se pueden emparejar, dos miembros con otros dos de los comensales, siendo cinco los que quedan por emparejar, o sea, “muchos”, lo que para la tribu significaba el infinito. Pero estamos solo atendiendo a los números enteros, nos quedan por emparejar con éstos a las fracciones. ¿Cómo emparejarlos? Sin embargo, Cantor encontró el método y acercó a las matemáticas al concepto inteligible de infinito.

 

Exposición en Marbella Abismo Cósmico 006

Dos instalaciones tituladas: Materia y Materia I, son dos claros ejemplos de la distinción entre lo real, entiéndase real, como materia tridimensional, y la realidad producto del universo construido bidimensionalmente. Todas las intervenciones en las paredes son bidimensionales, representaciones de algo. En nuestra cultura estamos acostumbrados a considerar lo representado como real. Tenemos que recordar en este punto la obra de Magritte: Ceci n’est pas une pipe, sin embargo, todos los espectadores no tuvieron problemas en reconocer lo pintado y a su vez todos se preguntaban qué es eso que se titula Materia. Todos empeñados en averiguar lo que era del todo evidente. Lo importante no estaba en saber qué son esos trocitos de maderas torneadas y pintadas de colores, con apéndices a su vez también torneados, simplemente representan a la materia. Es posible que por su forma se asemejen a las estructuras que componen nuestra tabla periódica de elementos. Quarks, electrones, neutrinos…Conforman el constituyente básico de nuestro universo, aquel que hoy en día no sabemos si es infinito o finito. ¿Pero qué ocurre con la
posibilidad de ir encontrando elementos cada vez más pequeños? ¿Es también infinito lo más pequeño? Pues al parecer sí tenemos un límite en la física cuántica, ese límite se denomina longitud de Planck, más allá de esa longitud nos está vedado, no podemos saber qué ocurre.

Con cada obra vamos pasando páginas de lecturas como si de un libro se tratara. Así llegamos a la intervención con el título: No podemos regresar al paleolítico. Significativamente el autor utiliza el adjetivo paleolítico en vez del sustantivo paraíso. Para comprender mejor los periodos históricos estamos acostumbrados a dividirlos en bloques, neolítico, renacimiento, barroco, etc. Es como si de uno a otro no hubiera transición, nos es muy difícil asimilar un periodo largo de tiempo donde convivían los conceptos antiguos con los modernos. La idea de la existencia de un paraíso Bíblico no se corresponde con la cronología de diferentes eras o periodos desde el Neógeno hasta nosotros. La evolución desde Luci, (hembra de australopiteco), anterior a ella y posterior a su descubrimiento, no parece un camino de rosas, ningún paraíso parece posible. Solo los creyentes pueden justificar su existencia por medio de la fe. Sin embargo, historiadores como Yuval Noah Harari, por nombrar a uno de los más conocidos por el gran público, reconocen que sobre todo en el periodo superior del paleolítico, la vida predominante de cazadores y recolectores del Homo Sapiens, con grupos reducidos y de costumbres nómadas le acercaba al concepto más cercano de paraíso. Con los asentamientos del Neolítico comenzaron a formarse sociedades más complejas y la aparición de las enfermedades víricas por la convivencia de hombres con animales domesticados que tan bien conocemos ahora. Las estructuras iniciadas en ese periodo: religiosas, políticas y económicas nos arrastran desde entonces, sumado al crecimiento poblacional de la raza humana, se traducen en un problema de desigualdades y de sostenibilidad con el medio ambiente.

Sin embargo, no podemos regresar atrás. Solo en la ficción existen los viajes en el tiempo. Películas como: El tiempo en sus manos (The time machine, 1960), ‘Doce Monos’ (’12 Monkeys’), La máquina del tiempo (The time machine, 2002) o Star Trek IV. Misión: salvar la Tierra (Star Trek IV: The Voyage home, 1986) son algunos ejemplos muy entretenidos que intentan argumentar un posible viaje, tanto hacía atrás, como al futuro. En la IV entrega de Star Trek. Misión: salvar la Tierra, la nave Enterprise tiene que aprovechar la gravedad del sol para conseguir una velocidad mayor que la luz y regresar al siglo XX para salvar unas ballenas. Hawking en su libro: Historia del Tiempo, del Bing Bang a los agujeros negros, nos explica en un lenguaje sencillo la imposibilidad de la materia para ir más rápido que la velocidad de la luz. La energía necesaria para mover una masa de materia a esa velocidad sería de toda la energía del universo. La materia no puede hacer lo mismo que un fotón, ya que éste carece de materia y puede alcanzar los 300.000 Kilómetros por segundo que es la velocidad de la luz. Siguiendo este razonamiento llegamos a la intervención con más fuerza de todas, Siempre hacía delante, como nos dice Alario en su prólogo: “Siempre estamos ante el abismo, Siempre hacia delante, cada segundo que pasa viajamos al futuro, estamos ante un continuo viaje al futuro”. ¿Realmente ha existido siempre el tiempo? ¿Existe el tiempo? Julian Barbour desarrolló una visión en la física contemporánea que elimina la necesidad de recurrir al tiempo, “Nada ocurre: existe el ser, pero no el devenir. El paso del tiempo y el movimiento son ilusiones”. Sin embargo, nosotros nos encontramos atrapados en él, vemos como envejecemos y envejecen y mueren los demás. Cómo nuevas vidas aparecen evolucionando de la misma forma. El físico Rovelli y el matemático Alain Connes nos explican que esa sensación es consecuencia de la incompletitud del conocimiento, “Conocida como la hipótesis del tiempo térmico, propone que el tiempo es un fenómeno emergente, no un concepto fundamental” Marcus du Sautoy. Son cuestiones que de momento no podemos resolver, “Igual que es imposible hablar de la temperatura de un átomo o decir que una molécula de agua está húmeda”, “Creen que el tiempo surge solamente de esta consideración macroscópica de un sistema microscópico desconocido” Da lo mismo hablar del mundo atómico que de la inmensidad del universo. El esfuerzo científico poco a poco va desvelando cuestiones hasta ahora vedadas. Cuando se descubrió que el universo se está expandiendo se pensó que en algún momento se separarían tanto las galaxias, los planetas, etc. que terminaría el universo enfriándose y deteniéndose. Se supone que eso señalaría el final del universo y eso avalaría la teoría del inicio del universo con el Bing Bang. Hay una diferencia entre La Nada y el Vacío, del primero no puede surgir nada, sin embargo, del vacío si puede surgir de nuevo, como se ha demostrado en laboratorio, la materia. Principio de incertidumbre de Heisenberg. “Basándose en la teoría de la gravedad cuántica, el físico Bruno Bento, de la Universidad de Liverpool, y su auxiliar Stav Zalel, del Imperial College de Londres, utilizaron la teoría de conjuntos causales, para explicar que el Big Bang no fue el comienzo del universo, sino un momento particular en la evolución de éste.” La revista ‘Live Science’ explica esta definición de la siguiente manera: «Si estás mirando tu pantalla leyendo esto, todo parece suave y continuo. Pero si tuvieras que mirar la misma pantalla a través de una lupa, es posible que veas los píxeles que dividen el espacio y descubrirás que es imposible acercar dos imágenes en tu pantalla más que un solo píxel». En ese sentido, la proximidad espacial y temporal de un evento se reduce, idea que, aplicada al origen del universo, da a entender que: «Lo que percibimos como el Big Bang puede haber sido solo un momento particular en la evolución de este conjunto causal siempre existente y no el verdadero comienzo», explicó Bento a ‘Live Science’.

Existen tres modelos de soluciones de cómo puede ser la expansión del universo, por ahora es una incógnita. La falta de mediciones exacta impide saber cuál sería la verdadera. “A mucha gente no le gusta la idea que el tiempo tenga un principio, probablemente porque suena a intervención divina. (La iglesia católica, por el contrario, se apropió del modelo del bing bang en 1951, proclamó oficialmente que estaba de acuerdo con la Biblia)”. Hawking.

Podemos bajar a terrenos más humanos con la intervención, Y sin embargo somos felices, lejos de pensar que el conocimiento de todas estas materias nos pueda aportar más felicidad, aunque el “saber” ayuda a relativizar las cuestiones mundanas. Nuestra sociedad occidental ha conseguido un buen grado de bienestar y aunque la vida de vez en cuando nos golpee de una forma dramática, siempre, en algún momento fuimos o seremos felices. Tenemos esa gran suerte, vivir donde vivimos, ni siquiera las desgracias ajenas nos impiden ser medianamente felices. Las pasiones de la vida se suceden de generación en generación y son narradas con distintos lenguajes desde que conocemos la poesía, la prosa, pintura o la música. Nada ni nadie nos puede arrebatar nuestro momento de gloría. Ser felices es nuestra meta en la vida, aunque para las religiones occidentales la felicidad plena se encuentre tras la muerte en el Paraíso, pero esa es otra cuestión. “Hay cosas que siempre seguirán siendo desconocidas, así que quizás ese Dios sí que exista. El argumento tradicional contra el Dios de lo desconocido es que deberíamos esforzarnos por conocer a Dios, por tener una relación personal con este concepto. Y este Dios, definido como lo transcendental o desconocido, excluye por su misma definición la posibilidad de conocerlo”. Volvemos otra vez a la infinitud o finitud del universo, a si ha existido el Bing Bang, o si Dios existe.

La penúltima página de esta intervención, Realidad matemática, Desde las sociedades sumerias, egipcias o griegas ya dieron gran importancia al desarrollo de las matemáticas. ¿Es Dios matemáticas? Mientras exista una pregunta sin resolver Dios tendrá la posibilidad de existir, pero también cabe la posibilidad que algún día esa pregunta sea resuelta y no encontremos a Dios por ninguna parte. “Los matemáticos están encantados de explorar un mundo matemático en que la hipótesis del continuo es cierta y se sientan también muy a gusto con unas matemáticas paralelas en la que se supone que es falsa”. De momento todas las posibilidades siguen abiertas.

En todo caso parece que Dios si juega a los dados, ante la afirmación de Einstein: “Dios no juega a los dados”, Principio de incertidumbre, última intervención con la que Ricardo Alario cierra este viaje a lo que conocemos y lo que desconocemos. Heisemberg “Demostró que el siguiente enunciado no tiene sentido: Conocemos el momento y la posición de una partícula al mismo tiempo”. También, “Cuando pasamos de lo conocido a lo desconocido, bien podemos albergar esperanzas de comprender, pero tenemos que aprender al mismo tiempo un nuevo significado de la palabra comprensión” Representados por tres dados nos quedamos con la imposibilidad de saber nunca cuál será el número que saldrá de nuestra tirada. La vida es un cúmulo de circunstancias aleatorias siempre cambiantes. ¿Existe realmente el libre albedrío?

Vicente Genovés