Galería-taller Ricardo Alario

Diálogos con la muerte Conversaciones de vida

De abril a Junio de 2021

VI exposición retrospectiva

Exposición Colectiva

Artistas participantes: 

Ricardo Alario por parte de padre 

Ricardo Alario por parte de madre 

Ricardo Alario por parte de una bisabuela que no conoció 

La muerte no es igual para todos, la vida tampoco. El universo observable tiene al menos dos billones (2.000.000.000.000) de galaxias como la Vía Láctea, esos temas: La vida y la muerte, deben ser minucias en el caso que el universo tuviera conciencia. En nuestra Vía Láctea existen unos 100.000 millones de estrellas y puede ser anecdótico la vida en unas pocas. En realidad, el universo está más muerto que vivo, a pesar de ser tan inmenso es muy complicado actualmente demostrar más vida que la nuestra.

La muerte es consecuencia de la vida, no podemos aplicar el dilema: ¿Qué fue primero el huevo o la gallina? De la muerte no nace la vida, ¿o sí?, pero la vida nos lleva irremediablemente a la muerte. Un muerto no puede morir de nuevo, por tanto, existe un equilibrio entre los vivos y el mismo número de muertos, y todos concentrados en esta bola celeste. Tampoco escuchamos decir a nadie: «¡Le quitaron la muerte los muy canallas!», o cosas parecidas.

La muerte es muy ingeniosa, tiene miles de formas de presentarse, no le importa la educación, le da lo mismo ser inoportuna y carece de empatía; solo en los cuentos se le puede engañar, jugando a las cartas o poniendo pegamento en la corteza de un manzano, ¿se acuerdan?, el moribundo le pide un último deseo a la parca, esta se lo concede, e ingenuamente acepta trepar al árbol para coger una manzana, al final no puede bajar al quedarse pegada al tronco y el moribundo consigue un poco de tiempo más, ¡que sencillo!, ¿no? Pero no, nada de eso es posible por ahora. ¿o sí?

En estos días celebran los católicos la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo. Este es el motivo de la muestra. En realidad, no se diferencia mucho de los cuentos, no es que quiera ser irreverente, digamos que nunca he sentido eso que llaman fe. Uno puede estar de acuerdo con parte de la fábula, ya que aquí nadie se libra de la muerte, ni siquiera los Dioses, no olviden que cuando caen en desuso son seres mitológicos, perdieron su existencia divina y se convirtieron en leyendas y creencias sin validez en el mundo actual.

En aquellos años, es cierto que existía un pueblo conquistado, bueno, digamos que existían unos pueblos conquistados que profesaban más o menos las mismas creencias. Eran los Fariseos y Saduceos, Zelotes y Sicarios, los Esenios y una larga lista de facciones y pueblos con diferencias que hacía difícil la convivencia bajo el yugo romano. En esas condiciones aparece un nacido como cualquier hijo de vecino, Jesús, que era un semidiós, ya que fue engendrado en el vientre de una mujer virgen y fecundada por un Dios, esto último difícil de demostrar, sin embargo, este fenómeno se llama partenogénesis, (aunque la genética pueda algún día arrojar luz sobre este pequeño dilema intelectual), todo ello anunciado por un ángel. También existían las crucifixiones, ¡les encantaban!, la muerte en esos años disfrutaba mucho y estaba muy agradecida, no como ahora que todo el mundo, (bueno, solo una parte, la otra parece disfrutar con las guerras), se empeña en que la gente no se muera, eso disgusta mucho a la muerte, es un doble trabajo, cuando se descuida, vuelta a empezar, el que creía ya finiquitado, le dan unos rayos y se lo arrebatan, ¡no hombre, así no!, ella prefería los tiempos de antes, donde los muertos se morían solo una vez, ¡muertos bien muertos!,  y además a la vista de todos los vivos; no como ahora que no los ves ni en el velatorio.  Lo de Lázaro no le gustó nada, era un aviso, la muerte quedó muy desconcertada, pensó si no lo había intuido, incluso, fíjate que fijación le produjo, que llegó a preguntarse si existiría una memoria del futuro, si, ya me entienden, uno puede recordar cosas de su pasado, pero a veces, por alguna razón es testigo de un acto que le causa un hondo pesar y en el futuro, como intuía, le ocurre a él, por eso nos da tanto miedo algunos recuerdos, presentimos, presagiamos que eso nos va a pasar y no hay manera de evitarlo; lo cierto es que la muerte quedó muy preocupada. De todas formas, los humanos somos los preferidos de la muerte con mucha diferencia, en las demás especies, todo está inalterado desde el principio de los tiempos, ¡pero quita, los hombres son muy imaginativos! ¿dónde va a parar? Le facilitamos experiencias nuevas, ¿cuándo iba a pensar la muerte que conquistaría el espacio?, nunca, pues ya ha tenido la experiencia, y está como loca, ¡fíjate con lo grande que es! La muerte quedó muy satisfecha la primera vez que actuó en un no nacido, si, uno puede morir antes de nacer, casi a las puertas de la vagina, por un capricho de la muerte, vas y naces muerto, pensaba que ya no podría superarse, ¡pero morir donde no puede existir la vida, en el espacio!…….

A veces somos muy simples al pensar en todo eso de los principios de la cristiandad, en las escrituras, en las películas, se esquematiza mucho, en aquellos tiempos coexistían muchos pueblos con muy distintos grados de conocimientos en diferentes materias. Todo se mezclaba, y lo que para unos eran milagros para otros era pura ciencia médica, aunque no tanto como para resucitar a un muerto después de una crucifixión, una lanzada y una noche entera con la losa de la tumba cerrada.

Todos tenían grandes esperanzas en resolver el misterio cuando se descubrieron los manuscritos del Mar Muerto, se publicó un ensayo en la década de los 90, como siempre los mandamases de las religiones temerosas de que se encontrara algo que pudiera poner en cuestión sus creencias ponían todas las trabas posibles, los judíos por si se demostraba la existencia de Jesús, los cristianos por si se demostraba que la losa sigue con el cuerpo dentro y los musulmanes, bueno, estos últimos se preocupaban por todo, al final, nada, todos eran datos irrelevantes para lo que nos ocupa. o al menos es lo que nos cuentan. Ahora también tienen un poco de pesadumbre con eso de los Neandertales y la genética, a lo mejor Adán y Eva no eran los únicos ni tan bellos.

¡Qué cosa eso de la muerte!, de jovencitos nos da tanto miedo; tenemos una fijación casi enfermiza, después nos preocupamos por los demás, cómo se la apañaran nuestros familiares si faltamos, a la vejez es una amiga entrañable a la que casi se le coge cariño, a fin de cuenta no nos podemos librar de ella. Sin embargo, tenemos un límite para conocer qué puede existir tras ella, ese límite nos lo pone la propia muerte, por eso ese misterio nos asusta tanto y a la vez nos atrae.

Y la vida, ¡qué me dicen de la vida! Bueno, esto ya es otra cuestión, aquí nos movemos por terrenos más cercanos, digamos que ya casi es de andar por casa. Desde que se descubrió el Bosón de Higgs, su descubrimiento hace posible que los físicos puedan predecir qué partículas forman la materia y qué fuerzas interactúan entre ellas. Es un modelo ya demostrado y por tanto tienen la dirección correcta para poder desvelar otros misterios: La gravedad, la energía y la materia oscura, necesarios para desentrañar los secretos de la naturaleza. Un primer paso nacido de la teoría que ha tardado medio siglo en demostrarse. «La partícula de Dios», curiosamente nos acerca más al conocimiento, aunque en realidad nos aleje más de las explicaciones bíblica.

Ricardo Alario

Ricardo Alario por parte de madre Primera sentencia de muerte. Mixta/tabla. 160 x 150 cm.
Panorámica de la sala
Ricardo Alario por parte de padre. Nunca, por una resurrección se derramó tanta sangre. Lápiz/acrílico/plástico/papel. 150 x 170 cm
Ricardo Alario por parte de padre. Quien esté libre de culpa que tire la primera piedra. Lápiz/piedras/plástico/papel. 295 x 70 cm.
Ricardo Alario por parte de madre. Horizonte de sucesos. Acrílico/madera/resina. 56,5 x 46 cm.
Ricardo Alario por parte de madre. ¡Ah de la vida! ¿Nadie me responde? Acrílico/madera/resina. 56,5 x 46 cm.
Ricardo Alario por parte de padre. Última cena. Lápiz/fotografía/digital/lienzo. 200 x 100 cm.
Ricardo Alario por parte de madre. La cruz invertida. Acrílico/madera/resina. 80 x 80 cm.
Ricardo Alario por parte de una bisabuela que no conoció. Las negaciones de Pedro. Acrílico/madera/resina/gofrado en poliéster/aguafuerte/marmolina/madera/pan de oro. 43 x 67 cm.